Llegué muy temprano a la capital: la gente de la inmensa urbe iba de un lado para otro en su ajetreo salvaje por las calles, mientras el sol recién calentaba. Apretando mi mochila con mis poquísimas pertenencias, rápidamente me dí cuenta que en físico y cuerpo, no tenía yo nada que envidiarles a las niñas bien, con uniformes de colegios privados, con las que me cruzaba por doquier,…

¿Cine erótico?, ¿Cine X?, ¿XX?, ¿XXX?, ¿manga?, ¿hentai?; en cierta medida, todos los que participamos de una manera u otra en TR, “bebemos” de estas corrientes del llamado séptimo arte: unos por el simple deseo de disfrutar del placer solitario o en compañía; otros, como fuente de inspiración para nuestros relatos (o fantasías). Prácticamente todos hemos tenido un recuerdo entrañable y/ó excitante con algún film:

El temblor que se produjo por la explosión se sintió en todo el continente. El poder que había generado esa última técnica estaba en otro rango. Schekander y Abigail fueron arrastradas por la onda expansiva, no controlaban sus cuerpos. Sin embargo, dos aparecieron en su auxilio.

Godiva paseaba entre los invitados de Ruy de Montagnac, quien, para celebrar su éxito empresarial, había montado todo un banquete. Godiva lucía un cambio en su aspecto, su oxigenado cabello donde destacaba una larga trenza de que la daba un mayor aspecto de Valkiria.

Mi boca y mi lengua llegaron ya para entonces a la planta del pie derecho de Aniol, habiendo engullido el hilo de queso. Y por eso, mi lengua se adentró en un mundo de placeres gustativos al empezar a lamer la planta del pie derecho de Aniol, desde el talón hasta los dedos de ese pie. Y claro está: no me olvidé de limpiar también con la lengua el espacio de entre dedos del pie derecho y desnudo de Aniol, donde se había quedado atrapado algún trozo de cebolla o algún rastro de salsa y de queso mozzarella. Aniol hacía fuerzas y más fuerzas con las piernas, rojo de los esfuerzos y arqueando, enrabiado y sensible a mi lengua, los dedos de ambos pies descalzos. La voz de Aniol sonaba cada vez más suplicante mientras me decía en lo que querían ser órdenes:

Anaís parecía que se ahogaba ahora bajo la mordaza, ya que de sus ojos volvían a salir lágrimas y de su garganta gemidos lastimosos por ver, seguro, sobre todo el calvario que estaba pasando su novio Aniol. Yo todavía sujetaba el tobillo derecho de Aniol, con menos fuerza, y le miraba la planta del pie: larga, varonil y olorosa. Aniol tragó saliva, con una mirada al vacío llena de desánimo por unos instantes. Después, los ojos verdes de Aniol, reflejando un odio desmesurado, se clavaron en mí mientras me preguntaba:

Eché una carcajada y miré cómplice a Nacho. Luego le solté en voz alta para que Aniol me oyera claramente:
-Nacho…, ten preparado el gatillo de la pistola para Anaís. Ya ves, Aniol cree que he acabado con él y no es así ni mucho menos.

Anaís parpadeó mientras las lágrimas caían por sus mejillas hacia la mordaza. Aniol no había dejado de mirarme fijamente con sus ojos verdes. Aunque quería mostrar fiereza y odio, también pude vislumbrar que el chico seguía tratando de disimular con todas sus fuerzas el nerviosismo y el temor que lo invadían. De hecho, la voz de Aniol salió más temblorosa que nunca cuando exclamó:

-Ahá, de acuerdo. Una pizza de salami, con doble de queso y con la salsa especial de la casa, tamaño grande. La tendrá en 20 minutos- decía Aniol Vila al lado de la barra de la pizzería, mascando chicle y hablando con cierta desgana por el auricular del teléfono.

Hacia ya algunas semanas desde lo ocurrido en el baño de las chicas. Sharpay no podía de dejar en ello y cada que veía a Gabriella Sonreía y su mente volaba por espacios no conocidos donde habitaba Darth vader y Luke (ah, no xD eso no es de este cuento)
