Mi hermana Irva, de 37 años, vivía en su barco, en la costa catalana desde que se había separado. Aprovechando que sus hijos se habían ido de viaje, pasé a visitarla.
Una vez a bordo me invitó a dar una vuelta por las pequeñas calas cercanas, que acepté de inmediato.

Había llegado a su casa casi a trompicones, aterrada, con el corazón a punto de salírsele de su pecho. No podía creer que hubiera mujeres que destrozaran su vida de aquella manera, que se sometiera a un gran hijo de puta como su her… Sin embargo ¿Por qué la admiraba? ¿Por qué deseaba estar en la piel de la sumisa humillada de Pablo? No aspiraba ser así, ahora no, pero las veces que la azotó gozó tanto como cuando se encontraba follando en los brazos de sus tres amantes.

Verónica se contempló en el espejo y se encontró demasiado llamativa. Vestía un traje negro de anchos tirantes, muy ceñido a su cuerpo hasta las caderas, de falda corta, volátil y a mitad de los muslos. Lo más relevante del traje era el gran escote en uve algo más abajo que las bases que dejaba ver ampliamente los senos.

No era posible quedarnos, deberíamos irnos. En realidad no estábamos tristes, durante nuestra visita a la comunidad Mapuche fuimos bienvenidos, vivimos aventuras extraordinarias, éramos héroes, habíamos tenido sexo, aún con jóvenes Mapuche. Acomodamos nuestras cosas en la camioneta, igual las de Tomy. Y las de Cástor y Pollux. También las de Héctor y su madre.

Décimo séptima parte: … Marcelo… Marcelo, ¡Ay Marcelo!
Esta es la continuación de la historia de Marcelo y Camilo, de Danilo y Giovanni. De nuevo la advertencia: esta es una historia de sexo homosexual entre púberes, en esta historia se agregan relaciones incestuosas.

Esta es la continuación del relato “El e-mail que cambio mi vida”, en la que sigo contando las aventuras sexuales que mantuve con mi compañera de trabajo Susana.
Antes de leer este relato es recomendable leerse la primera parte de la historia.

Me considero una buena profesional, en realidad muy buena, una de las pocas doctoras en mi epecialidad (ciencias médicas) que existen en el país y probablemente, la más joven. No es que sea una adolescente, vale, pero somos pocas las que tenemos este grado académico a los treinta y cuatro años. Trabajo en la Universidad hace 10 años, haciendo mucha investigación y supervisión, lo que hace que a menudo pierda la noción del tiempo estudiando, así logré terminar mi doctorado en sólo 3 años.

Un día mientras estaban en clase a Naruto le entró un calentón y empezó a mirar a Sasuke pues es el que tenía al lado. El joven comenzó a excitarse y pensó un plan que pronto pondría en práctica. Al terminar las clases le dijo a Sasuke que quería pelear con él para practicar, y después de varios rechazos el antipático joven aceptó. Una hora más tarde Sasuke ya estaba preparado en el bosque cuando de repente una mano le agarró y le empujó contra un árbol. El asustado joven vio que la mano era de Naruto y que otro Naruto se aparecía delante de él.

-¿Y de qué queréis hablar? –Preguntó David a Jaime y a Carlos, los que habían dicho de quedar.
-Pues de lo de Marcos. –Dijo Jaime. –Yo creo que ninguno sabe porque hizo lo que hizo, y a lo mejor entre todos nos enteramos.

Adrián era un adolescente de 18 años que estudiaba secundaria. Físicamente llamaba mucho la atención pues era bastante alto, más o menos mide 1,90 mts, de contextura delgada, pero fibrosa, piel morena, cabello ondulado, labios gruesos y con unos ojos claros que resaltan a primera vista. Era muy pícaro y sensual y no tenía muchas dificultades para iniciar relaciones amorosas y sexuales con las chicas de su edad.
