El trío soñado…
- enero 1st, 2009
- Posted in Relatos Eroticos
Alejandra entró de primera en la habitación. Su novio y su amiga le seguían. Pasó directo a la alcoba, tomó asiento en una butaca que se hallaba frente a la cama, y dejó que los hechos se desarrollaran conforme lo dictara el momento, con naturalidad.
Eduardo e Ismary le siguieron el juego cual lo acordado, él tenía una erección dura que se notaba por sobre sus pantalones, y ella movía las caderas con descaro sexual. Se podía advertir cuanto se deseaban, y lo mucho que querían gozarse. Ismary era una morena de estatura promedio, con los muslos gruesos y torneados y las ancas propias de una buena yegua; que a diferencia de Alejandra, tenía unos senos chiquititos y casi infantiles, de pezones puntiagudos y marrones. Pero eso no la bajaba de categoría, era una hembra rica y sensual, con puntos fuertes y débiles con los cuales jugar. Y apenas pasaron a la alcoba comenzó a mostrar sus mejores cartas.
Se habían tomado algo de tiempo en la puerta en un beso suave y erótico. Era el comienzo de una noche que prometía sorpresas. Con tacto de cirujano Eduardo hundió la lengua en la boca de su pareja, al tiempo que le masajeaba la espalda baja y los glúteos. Los tenía grandes y atravesados por una tanga mínima. Ella se dejaba hacer con docilidad, apretando su pelvis contra el miembro erecto, y soñando con lo que le esperaba.
Entre tanto, Alejandra los veía desde su puesto con condescendencia. Ya tenía el aire acondicionado a tope, se había desprendió de las sandalias, y disfrutando de un trago de vodka, ajustaba su cuerpo a gusto. Quería que su hombre las cogiera a ambas esa noche. Pero primero lo iba a ver con celos y excitación mandándose ese culazo, y a la perrita de su amiga gritando por más.
Ismary, sin disimular su deseo, se mostraba golosa. Quería sentir el palo en el chochito de inmediato. Movía el culo de adelante hacia atrás, mientras gemía suavemente. Eduardo también quería hundir sus dientes en ese manjar, pero estaba decidido a tomarse su tiempo. No todos los días se tiene una oportunidad como esa, y él la iba a aprovechar al máximo.
Asió a Ismary por las caderas, y con una suave señal le indicó que se acostara en la cama. Hasta ahí no había caído ni una sola prenda, pero eso estaba a punto de cambiar. Primero le quitó los tacones, y con delicadeza comenzó a besarle los pies. Dedos, empeine, planta y tobillos tuvieron su cuota por igual. Luego, le acarició las piernas por sobre los pantalones llegando hasta los glúteos por detrás, y hasta el pubis por delante. De manera casi imperceptible, ella comenzó a contornearse al ritmo de las caricias. El olor almizclero del sexo se sentía en la habitación.
Alejandra había subido las piernas en los apoyabrazos de la silla, y entre un sorbo y otro se tocaba los senos y pubis por sobre sus ropas. Eduardo al ver la reacción, decidió que era el momento de incluirla en el regodeo, y dejar que dejar que el ambiente se terminarse de calentar. Ya había llegado la hora de ver ese par de cuquitas ricas en acción.
Fue así como tomó a Ismary por las piernas y la colocó en un ángulo en que Alejandra la pudiese apreciar. Desabrochó los pantalones mientras la miraba a la cara, y luego de bajar el cierre los deslizó poco a poco por los glúteos, caderas y piernas, hasta que cayeron al piso.
Era simplemente bella. Con la rajita chiquitita y pelona, de piel canela y firme. Llevaba unas tanguitas negras que se transparentaban y a duras penas le tapaban el chochito, y dos hilitos que subían por sus revolveras uniéndose en la parte trasera, y que desaparecían entre las nalgas. Durante unos segundos nadie se movió. Alejandra y Eduardo contemplaron a su amiga en su máxima intimidad, sintiendo como el flujo mojaba sus respectivas partes íntimas. Ismary también estaba mojada, Eduardo la acarició por encima de las pantaletas y todo el vello de las piernas se le erizó.
Ya era el turno de la blusa, y Alejandra supo que ahora debía mostrar sus cartas. Sin quitarse la franelilla, estiró el cuello hasta que los senos emergieron en su totalidad, dejándolos expuestos. Era un par de tetas grandes y ricas, blancas con pezones rosados. Firmes ante el peso, y suaves al tacto. De inmediato rechazó un intento del novio de tocar la mercancía con un ademán, que indicaba que por ahora sólo participaría como espectadora pasiva.
Eduardo, que hubiese hecho lo que fuese por complacerla, se concentró en la hembra que tenía lista en la cama. Con rapidez, y sin mayores detalles se desvistió por completo. Ambas mujeres observaron su miembro con un sabor dulce en la boca. Estaba duro por ellas y para ellas. Lo masturbó un poco para darles gusto, mostrando la cabeza roja e hinchada en sangre. Toda la punta se hallaba húmeda y babosa, y cuando el prepucio se retractaba el flujo corría hasta la base. Alejandra le imitó, y al quitarse las tangas se comenzó a masturbar abiertamente y sin pudor. Sabía lo que venía a continuación, porque lo había vivido en innumerables ocasiones.
Al parecer Ismary también estaba preparada, y antes de que Eduardo le diese la estocada final, agarró el miembro con sus manos y con una destreza insospechada lo tragó hasta los pelos mismos, ocultándolo entre sus labios y succionándolo con pasión. Por si fuera poco, luego de algunos minutos se acostó sobre su pareja y direccionó el pene hasta la puerta misma de su sexo.
Pocos hombre tenían esa dicha, y Eduardo supo lo afortunado que era. No esperó más, los labios se sentían calientes y estaban muy mojados. Con un solo golpe de sus caderas lo hundió entero, hasta que el miembro quedó arropado casi hasta las bolas. Sólo se escuchó un gemido sentido y lastimero. La chica estaba ensartada y, sin que ninguno de los dos se percatara de cuando había ocurrido, Alejandra le lamía los senos y la instaba a masturbarla. Ahora se hallaban los tres sobre la cama en plena faena.
Adelante y atrás Eduardo bombeó a su hembra, golpeando su sexo con furia. Alejandra le mordía los pezones, y le decía palabras obscenas mientras él la castigaba con el pedazo de carne dura. En dos ocasiones se corrió antes de cambiar de posición. Estaba sudada, con el cabello mojado, y una cachondez grotesca. Alejandra dirigía a la pareja en cuanto a lo que deseaba ver, y ellos se esmeraban en complacerla. Por eso, cuando puso a su amiga de lado y le untó el ojo del culo con vaselina, ella no se resistió en absoluto. Todos aceptaban tácitamente que ese era el final de la noche, y una buena forma de cerrar. Eduardo se mojó un poco la cabeza con saliva, besó a ambas mujeres con amor y pasión, y siguiendo las indicaciones de su novia se acostó a espaldas de Ismary. La abrazó, y tomándola por detrás, metió su verga un centímetro por vez.
Ella ni se inmutó. Tenía el culo cerradito la muy puta. Él sabía que lo había dado en varias ocasiones, pero todavía apretaba el palo bien sabroso. Le temblaban un poco las piernas al principio, pero no más de eso. Eduardo comenzó penetrándola con cuidado, pero apenas sintió que la eyaculación estaba próxima comenzó a apurar.
— ¿Te gusta puta?— le preguntó.
¿Te gusta que te coja ese culo sucio?
Alejandra no perdía oportunidad, y a esas alturas le escupía la cara y los senos.
¿Quieres mi leche Ismary? ¿Quieres el culito lleno de leche?
Todas las respuestas eran afirmativas y entrecortadas. Ella sabía que le iban a obsequiar el semen, y eso le encantaba. Él intentó preguntar algo más, pero era muy tarde. La eyaculación fue larga y abundante, Ismary sintió el recto lleno de semen caliente y espeso.
Cuando el miembro se puso flácido abandonó solo la cavidad, dejando un hilo de leche. Alejandra lo lamió primero por fuera, y después animó a su amiga para que se agachara sobre su pecho y los vaciara encima de sus senos. Y así ocurrió, el semen fue manando del culito de Ismary en pequeños chorritos que gustoso se estrellaban contra el pecho de sus amiga.
Así permanecieron un rato más, y quedaron en hacerlo de nuevo pero agregando un cuarto participante. Alejandra no quería observar en la próxima, quería que su hombre se lo hiciera al tiempo que veía a sus amigos gozando de lo lindo…
