-¿Y de qué queréis hablar? –Preguntó David a Jaime y a Carlos, los que habían dicho de quedar.
-Pues de lo de Marcos. –Dijo Jaime. –Yo creo que ninguno sabe porque hizo lo que hizo, y a lo mejor entre todos nos enteramos.
-Yo paso. –Respondió David.
-Pues tú me dirás que voy a contar yo, si hablé con él dos veces. –Intervino Iván.
-Bueno, pero a lo mejor te contó algo que sea importante…
-Sí, una vez me preguntó que a qué hora habíamos quedado y la otra que donde me había comprado unas deportivas. A lo mejor se suicidó porque le dije que me las habían regalado mis abuelos y que no lo sabía, vete tú a saber… –Respondió Iván.
-No te pases, tronco. –Dijo Luis.
-Joder, si no lo digo por meterme con él, es que no sé que cojones queréis saber. Se suicidó y punto, si hubiera querido que os enterarais de por qué lo hacía os lo habría contado, digo yo.
-Ya Iván, pero a lo mejor no nos lo pudo contar por lo que sea. –Explicó Jaime, que parecía el moderador de la reunión.
Tras varios cambios de fecha y hora, Jaime había sido capaz de reunir a todos. David no paraba de dar largas para quedar, pero al final había accedido. Iván también había quedado con ellos, aunque como ya había dejado claro, poco podía ayudar él. Carlos le había dicho a Manu que se pasara también, ya que había sido compañero de Marcos en el gimnasio y podría aportar algún detalle.
-El otro día me contó Carlos que el día que fuisteis al polideportivo al salir había un tío raro hablando con Marcos. ¿Alguno más le vio? –Prosiguió Jaime.
-Si, era un chaval moro o algo así. –Intervino David. –Creo que iba con Marcos al gimnasio.
-Y entonces conmigo también. –Saltó Manu. –Si era alto y más mayor que nosotros era Yussef.
-Coño, pues entonces yo también le conozco. Ahora voy yo con él al gimnasio. –Dijo David, cayendo en la cuenta. Ya decía él que le sonaba su cara…
-¿Y qué era, un amigo de Marcos o algo? –Preguntó Jaime.
-Algo así, sí. –Dijo Manu. –Por lo visto se hacían pajas juntos en la ducha, o eso me contó Marcos. La verdad es que Yussef siempre ha sido un poco raro, pero no sé.
-¿Y si estaban liados? –Dijo Carlos, exaltado. –No sé, a lo mejor estaban liados, Yussef le dejó y Marcos se suicidó por eso.
-Joder Carlos, que cosas tienes… –Dijo Jaime.
-No sé, puede ser… A ver, yo nunca los vi hacer nada raro, pero en el gimnasio siempre estaban juntos y tal. Un día les oí hablar de que habían estado en casa de Yussef o algo así. –Explicó Manu.
-Pues habría que hablar con él, ¿no? –Dijo David, mostrándose interesado en el asunto. -Yo tengo que irme dentro de un rato al gimnasio y lo más seguro es que le vea, así que le puedo preguntar que si estaban saliendo.
-Como que te lo va a decir… –Intervino Iván.
-Ya, pero tú me dirás si no qué hacemos… –Dijo Luis. –Si quieres voy contigo, por si se pone farruco o algo.
-Lo que quieras, tío.
-Le digo eso, que soy un amigo tuyo que se quiere apuntar al gimnasio y que me he ido contigo a ver como es. Es porque no vayas solo, y como soy el único que va en chándal…
-Yo eso lo veo una gilipollez, pero haced lo que queráis. –Dijo Iván.
Media hora después, David y Luis ya se habían plantado en el gimnasio. Los demás seguían de debate en el parque, comentando si Marcos sería gay o no. Por razones obvias, Jaime no comentó nada de su paja mutua con él, pero tanto él como Carlos lo pensaron. Si había podido hacer eso con Jaime, quizá con Yussef había llegado a más. El hecho de que no le hubiera comentado a nadie su amistad con su compañero de gimnasio les extrañaba. Era un chico muy callado, pero aún así, solía contarle sus cosas a Jaime. Algo debía de estar ocultando, pero ahora sería difícil saber qué era.
David y Luis tratarían de descubrir algo más. David usó su carnet de usuario e indicó en la recepción que traía a un amigo que estaba pensando apuntarse para que conociera un poco como funcionaba el gimnasio. La chica le hizo una ficha provisional y le instó pagar tres euros por una sesión de una hora. Luis aflojó a regañadientes el dinero y pasaron directamente a la sala de máquinas. El gimnasio estaba bastante lleno, pero Yussef no andaba por allí.
-¿Y si no viene?
-Pues ya hablaré yo con él la semana que viene, tío. –Contestó David montándose en una de las cintas andadoras con aire despreocupado.
-¿Qué pasa, qué te da igual o qué?
-Oye gilipollas, a mi no me hables así.
-Es que es lo que parece. –Respondió Luis, tratando de calmar un poco el tono.
-Te recuerdo que fui el único que fui a su casa en cuanto me enteré, así que supongo que algo me importará…
-Ya lo sé David, joder, pero es que estoy un poco nervioso. Y encima tú no ayudas.
-Anda, cállate un rato tío.
Veinte minutos y tres kilómetros después, Yussef entró al gimnasio ataviado con un desgastado pantalón de chándal de lycra y una camiseta blanca de tirantes. Al hombro llevaba una pequeña toalla blanca con la que secarse el sudor de la cara y las manos. Nada más ver a David se acercó.
-Hola David, ¿qué tal? –Preguntó cortésmente.
-Bien, aquí practicando un poco. Mira, este es Luis, un amigo mío.
-Encantado. –Respondió Yussef extendiéndole la mano. Luis se secó la suya en la camiseta y la estrechó.
-Lo mismo digo.
-Bueno, voy a estirar un poco, ahora nos vemos.
-Vale, por aquí estaremos. –Dijo David.
-¿Por qué no le has dicho nada de lo de Marcos? –Preguntó Luis en cuanto Yussef se alejó lo suficiente como para no oírles.
-Joder, no nos vamos a poner a hablar de eso aquí delante de todo el mundo…
-¿Y cuando lo hablamos entonces?
-Pues en las duchas, que no suele haber nadie. –Dijo David.
-Joder, pues yo no me he traído nada para ducharme.
-Ya te dejo yo lo que sea, tío.
-¿Y la toalla mojada también me la dejas? –Preguntó Luis sarcásticamente.
-Ya nos apañaremos, joder.
-Si lo sé no vengo.
Ya de por sí no le apetecía nada ducharse allí, que a saber la de hongos e infecciones que habría en el suelo de aquel vestuario, y encima lo de tener que ponerse la misma ropa sudada después era el colmo. Y compartir toalla con David… Todo sea por enterarse de qué tipo de relación tenían Marcos y Yussef, pensó Luis. Aunque estaba por ver si el marroquí soltaría prenda, no perdían nada por intentarlo.
Mirándole de lejos, mientras se ejercitaba en una de las complicadas máquinas de levantar pesas, Yussef no parecía tan fiero como Luis se había imaginado en su cabeza. No tenía aspecto de ser un chico modélico, pero no parecía mucho más duro de lo que podía ser David, por ejemplo. Había algo en él que no terminaba de gustarle, pero Luis pensó que serían principalmente prejuicios por el tema de su raza.
-¿Os venís a duchar? –Preguntó Yussef al cabo de casi tres cuartos de hora. Estaba visiblemente cansado, casi tanto como Luis, que no estaba acostumbrado a ese tipo de esfuerzos.
-Vale. –Respondió David casi antes de que Yussef acabara la frase. –Ya tiene que ser casi la hora de irnos.
Había llegado el momento de plantear el tema. En los vestuarios del gimnasio no solía haber nadie, pues la mayoría de la gente se iba sin duchar, pero Yussef había convencido a David de que era mejor no salir a la calle con el sudor y éste había aceptado el consejo. Solo habían coincidido juntos una vez allí, y la insistencia de Yussef en que se hicieran una paja junta le había mosqueado, aunque en aquel momento no le había dado mucha importancia.
Casi a la vez, los tres entraron al vestuario, y como esperaban, no había nadie. David y Yussef, que habían venido preparados, abrieron sus taquillas y sacaron la toalla, el champú y las chanclas mientras Luis les miraba con cara de idiota y sin saber qué hacer. Yussef se quitó la parte de arriba y David también se empezó a desvestir, así que Luis hizo también lo mismo, por no quedarse de brazos cruzados.
Se quedó en ropa interior y se fue hacia las duchas, descalzo y sin toalla ni champú. Se sentía un poco ridículo, pero mejor eso que quedárseles mirando mientras Yussef y David terminaban de desnudarse. Con cuidado de no resbalarse entró en la zona de duchas, dejó sus calzoncillos sudados colgados en una especie de percha y pulsó el botón del agua caliente. Al instante el chorro le cubrió por completo, así que cerró los ojos y se concentró en el sonido del agua que se estrellaba con presión en su cabeza.
-¿Quieres jabón? –Le dijo David casi gritando mientras le agarraba un brazo.
-¿Eh? Ah, vale. –Respondió Luis algo aturdido, pues no se había percatado de que estaba con compañía. Su amigo se había colocado en la ducha de al lado mientras que Yussef estaba justo enfrente de los dos. Las duchas no tenían ningún tipo de separación, así que la intimidad era nula.
-¿Qué David, tu amigo también es tan pajero como tú?
-¿Qué? –Preguntó a su vez Luis, sin saber muy bien a qué venía aquello.
-Pues no sé, pregúntaselo a él…
-¿El qué?
-A ver, es que el otro día David y yo nos hicimos un pajote aquí, y a mí se me está poniendo dura con el calor del agua. Pero si no os apuntáis a mí me da corte… –Dijo Yussef, sobreactuando el papel de ingenuo.
-Hombre, la verdad es que no viene mal para relajarse después de haber hecho ejercicio. –Explicó David, dejando claro de qué lado estaba.
-Pues si os ponéis los dos me tendré que hacer una yo también, no me voy a quedar mirando… –Dijo Luis, comprendiendo que era mejor seguirle un poco el juego al marroquí para poder sacarle algo de información más tarde. –Pero cada uno con la suya, ¿eh?
-¡Pues claro! –Exclamó David mirando de reojo a Yussef, que ya había comenzado a acariciarse el rabo.
-Oye, pues yo si alguno acaba pronto y se quiere poner con la mía… –Dijo éste riéndose.
La broma iba más en serio de lo que David y Luis pensaban, pero ninguno dio importancia al tema en cuanto se pusieron manos a la obra. Ninguno era precisamente nuevo en aquello de hacerse pajas con compañía, y en las duchas el ruido del agua servía para aislarse un poco más del mundo, siempre y cuando la intención no fuera aprovechar para echar un vistazo alrededor, como en el caso de Yussef.
Desde el final de su relación con Marcos había tenido un par de tonteos con otros chicos en baños públicos, y varios magreos con unas cuantas tías, pero nada le había llenado del todo. Prefería la táctica del gimnasio, pero hasta la llegada de David y ahora de Luis no había dado muchos resultados. Una paja acompañada por un tío de veintitantos que ni siquiera había llegado a correrse había sido su único consuelo a falta de Marcos y de Manu. Suponía que con David no tenía opciones de llegar a nada más, pues se le veía del tipo de heteros que no les gusta un pelo experimentar con ciertos límites, pero no había nadie más en el gimnasio que pudiera ser un objetivo. La llegada de Luis le había chafado un poco sus planes, pero tampoco le disgustaba lo de pajearse junto a dos chicos más jóvenes que él por el precio de uno.
Luis también había echado un vistazo fugaz a la polla de Yussef, aunque más por curiosidad que por otra cosa. Era extraño, pero pese a que disfrutaba como un cosaco con Iván y era plenamente consciente de que estaba enamorado de él hasta las trancas, hasta el momento el resto de chicos no le llamaba lo más mínimo la atención. Ni siquiera a la hora de pajearse solo (las pocas veces que lo necesitaba, pues Iván apenas le daba tregua) pensaba en otros chicos. Y seguía viendo el porno hetero de toda la vida, nada de películas gays. Aún así le llamó la atención la oscura y circuncidada polla del moro y su curiosa técnica de masturbación al no tener pellejo recubriendo su glande.
De pronto oyeron la puerta del vestuario abriendose, y la reacción inmediata de los tres chicos fue parar y ponerse mirando a la pared de la ducha, aunque enseguida se dieron cuenta de que sus erecciones les delatarían. Estaban pensando en donde esconderse cuando escucharon de nuevo la puerta. Yussef se enroscó la toalla a la cintura y se asomó, pero quien había entrado ya no estaba allí. Seguramente había sido alguien que había entrado a coger o a dejar algo en su taquilla, pero delató que aquel no era un lugar muy seguro para ese tipo de cosas.
-¿Nos vestimos y nos la terminamos en mi casa? –Propuso Yussef entrando de nuevo a la ducha. –Tengo alguna peli si queréis…
-No, mejor acabamos aquí, si yo ya estaba terminando. –Dijo David.
-Como queráis, la verdad es que aquí casi nadie se ducha, y menos a estas horas. –Dijo Yussef, comprendiendo que había tratado de ir demasiado rápido.
Enseguida retomaron lo que estaban haciendo antes de la interrupción, para no perder demasiado el ritmo. Ya que tanto David como Luis tenían los ojos casi todo el rato cerrados, Yussef no se cortaba a la hora de mirar el espectáculo.
David se masturbaba un poco más deprisa que su amigo, quizá porque llevaba cerca de una semana sin meter en caliente y había vuelto a las andadas de pajearse dos o tres veces al día. Su mano se movía casi compulsivamente, cubriendo y descubriendo su glande una y otra vez de forma casi imperceptible para el ojo humano. Hoy no se había pajeado en todo el día, y se notaban sus ganas de obtener placer lo más pronto posible.
Una vez saciada su curiosidad, Luis solo pensaba en el polvo que le había echado a Iván unos días atrás. Ahora cada vez que pensaba en él vestido con la equipación del equipo no podía evitar tener una erección. Como siguiera así, lo iba a pasar mal cada vez que fuese a verle jugar. Pero es que estaba tan bueno…
Sin decir nada, David dio un paso adelante y dirigió su polla hacia el suelo sin parar de meneársela. Yussef y Luis le miraron justo a tiempo para ver como un par de chorros de lefa se estrellaban contra el suelo embaldosado y se perdían por el desagüe mezclados con el agua de la ducha. David siguió un poco y un goterón blanco se le formó en la punta, hasta que se echó de nuevo hacía atrás y el agua limpió cualquier rastro de semen.
Yussef se excitó aún más con la escena, y decidió no quedarse el último, si era posible. Tenía un poco de curiosidad por ver la corrida del amigo de David, pero temía ser demasiado descarado después de haber propuesto lo de la paja y lo de ir a su casa a terminarla. Además, el fin del pajote de David había sido estímulo más que suficiente como para ponerle a tono.
Estaba a punto de correrse cuando se acordó de Marcos. Lo cierto es que David y él debían de tener más o menos la misma edad, y aunque no se parecían demasiado, eran más o menos el mismo tipo de chico. Yussef no paró, y recordó los buenos momentos que había pasado con él mientras se corría. El primer trallazo cayó a menos de un metro de los pies de Luis, y eso que no estaban muy cerca, pero ninguno de los dos se enteró pues estaban a lo suyo. Recordó las pajas, las mamadas, el intento de llegar a más que lo había echado todo a perder… Finalmente paró y una sensación de angustia y remordimiento se apoderó de él. En su día había perdido a Nadim, y ahora había perdido a Marcos.
David cerró su grifo y comenzó a secarse mientras Luis terminaba. Tenían que compartir toalla, así que no quedaba otra que secarse por turnos, y ya que era suya, qué menos que ser el primero. En cuanto estuvo más o menos seco, dejó la toalla en la percha y se fue solo a la zona de las taquillas para empezar a vestirse. Yussef se enjabonó de nuevo para tener una excusa y quedarse a ver la eyaculación de Luis.
Se había quedado solo, pero tampoco le quedaba mucho. Tener a un presunto implicado en el suicidio de Marcos frente a él no ayudaba, pero al menos aparentaba estar a lo suyo ahora que se había ido David. Era evidente que les había estado observando más de lo aconsejable y Luis sí se había dado cuenta, pero tampoco probaba nada. Quizá era gay, o simplemente le llamaban la atención los cuerpos de los europeos. Daba la impresión de que Yussef quería decirle algo, pero Luis estaba demasiado ocupado como para preocuparse por ello.
Lo que frenaba a Yussef era el tener a David a pocos metros, y el hecho de que Luis tampoco le atraía demasiado. Si no, gustosamente se hubiera ofrecido a echarle una mano, en el sentido más literal de la expresión.
Tampoco le hubiera dado tiempo a mucho, pues dos o tres minutos después de que David se hubiera salido de las duchas, Luis se corrió discretamente dándole la espalda a Yussef, por si las moscas. Los cinco o seis chorretones de lefa se quedaron adheridos a las baldosas, pero Luis los limpió con un poco de agua para no dejar huellas de su hazaña. Miró a Yussef, quien ya estaba desempalmado casi del todo, y esperó a que su erección bajara también antes de salir.
Una vez listos y con las armas en reposo, Yussef y Luis volvieron con. Éste había empezado a vestirse, y ya estaba en boxers y poniéndose una camiseta de tirantes limpia.
-¿También te pajeabas con Marcos? –Soltó de pronto David mientras Yussef sacaba su bolsa de la taquilla.
-¿Qué dices? ¿Conocías a Marcos?
-Los dos somos amigos suyos. Bueno, ya sabes, éramos amigos… –Dijo Luis, tratando de recalcar esto último.
-Sí, también venía a este gimnasio. –Respondió Yussef, sentándose en uno de los bancos visiblemente afectado. Se había enterado del suicidio de Marcos casi de rebote hacía unos meses, pero no había podido compartir su consternación con nadie.
-Y os pajeábais juntos…
-Sí, algunas veces. ¿Pasa algo? –Yussef comenzaba a sentirse algo intimidado. Habían sacado el tema por algo.
-¿Y solo eso? Hemos oído que estuvo alguna vez en tu casa, y otras cosas peores… –Siguió David tirándose un pequeño farol.
-¿Qué habéis oído? Venga, dejaros ya de tanta intriga, ¿qué coño queréis? –Yussef parecía ofendido, y así no iban a conseguir nada.
-Mira, conocíamos a Marcos y sabemos que le tuvo que pasar algo muy serio para hacer lo que hizo. –Dijo Luis, tomando las riendas de la conversación. Se alegró de haber acompañado a David, éste la hubiera cagado a las primeras de cambio. –No sé, a lo mejor a ti te dijo algo más que a nosotros…
-Antes de que se suicidara tampoco éramos ya amigos. A mi no me contó nada de que fuera a hacer algo así…
-¿Y no le darías tú algún motivo? –Dijo David, precipitándose de nuevo.
-¿Pero qué coño dices? –Respondió Yussef bastante mosqueado. David fue a abrir la boca, pero Luis se le adelantó.
-No sé, a lo mejor discutió contigo y se sentía mal…
-Bueno, nosotros habíamos discutido, pero unas semanas antes. Yo quise arreglarlo con él, pero él ya no quería que fuéramos amigos.
-¿Y qué pasó?
-No os lo puedo contar.
-¿Por qué? –Dijo David, creyendo estar llegando a la clave del asunto.
-Porque no, no lo entenderíais.
-Así si que no lo entendemos. –Dijo Luis, procurando no alterarse demasiado.
-Marcos y yo tonteábamos. Empezamos con las pajas aquí, luego en mi casa…
-¿Estabais saliendo? Pero si Marcos no era gay… –Dijo Luis, pensando para sus adentros que Iván y él tampoco lo eran para el resto del mundo. Quizá Marcos también tuviera a todos engañados.
-Precisamente por eso. Yo quería dar un paso más, y él no. Por eso discutimos. Dejó de venir al gimnasio y no quiso saber nada más de mí.
-Pero si te dejó él, ¿por qué se suicidó? –Preguntó David.
-No me dejó porque no estábamos juntos. Yo quería hacer cosas que él no quería hacer. Y no, tampoco sé por qué se suicidó, aunque me gustaría saberlo.
-¿Por si fue culpa tuya? –Añadió Luis, procurando sonar lo más comprensivo posible.
-Sí, por si fue culpa mía. –Yussef rompió a llorar. Las lagrimas en alguien como él quedaban poco creíbles, pero parecían sinceras. Se terminó de abrochar el pantalón y siguió hablando. –Me caía bien y solo con pensar que pudo hacer lo que hizo por mi culpa…
-¿Pero le hiciste algo?
-Directamente no, pero le presioné demasiado. Me dejó claro que no quería nada y yo seguí insistiendo. Pero si llego a saber que iba a ser capaz de… –Tragó saliva. –Bueno, ya sabéis. Me podéis creer o no, pero yo no quería hacerle daño.

